sábado, 27 de octubre de 2012




He quebrado los vasos con sangre debajo de tus pies, camina ahora sobre aquello que no sirve sino para sacar púrpuras lágrimas y vómito.
Abandono ahora hasta mi deseo de violencia tranquila y silenciosa, y te dejo con tu muerte tirándote las mechas, pisándote la cara con sus pies de fango estancado, apestado de falsa genética.
He nacido donde sea y no entre tus piernas ni en tu cama, nos en tus andanzas inconscientes ni en tus libros de memoria olvidada, atropellada.
El vacío estuvo siempre lleno de angustias, de temores, de locura e incertidumbre, amarrado a una pata de la cama de la bestia come hombres. Por su parte, la importancia nunca tuvo nada.
Si mañana me aparezco entre tus velos transparentes, invisiblemente blancos, en que ocultas la mirada, no te asustes que el trayecto, sea rápido o lento, expiará todas tus culpas con el filo del herrero. Y te dejará una marca que te lleves al infierno, enrojecida no de fuego, sino de mi pensamiento asesinamente ciego, que por aquellos momentos quemará todo recuerdo sea bueno, sea frío sea tierno o pasajero de tu imagen depravada disfrazada de buen tiempo.
Hoy beberás vino del suelo que viene viendo cómo me has causado penas, cómo agrando tu silencio, para que al sentir su cuerpo sientas que algo había bueno y engañado por deseos sea el vinagre eterno sueño.
Ahora sí deslizo enteros mis miembros de árbol viajero, y levanto con mis hojas mis raíces de este suelo y aunque me espere veneno hablaré desde tu entierro que no recuerda hoy nada más que un olvidado recuerdo.


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